sábado, 8 de octubre de 2011

Lo bello y hermoso, no es siempre un cuento de hadas.

Levanté la vista al cielo, y me pareció un cuenco profundo y vuelto del revés, de terciopelo azul marino, reluciente todo él de copos de nieve cristalizados en lugar de estrellas. Quizá serían lágrimas de hielo que yo iba a llorar en el futuro. Me daban la impresión de estar mirándome desde arriba con pena, haciéndome sentirme pequeña como una hormiga, abrumada, completamente insignificante. Era demasiado grande aquel cielo cerrado, demasiado bello, y me llenaba de una extraña sensación agorera. Pero, a pesar de todo, me daba cuenta de que, en otras circunstancias, hubiera sido posible que me encontrara a gusto en un paisaje como aquél.



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